Mucha gente me pregunta cuánto tiempo tarda en superarse una ruptura sentimental. En otras palabras, cuánto tiempo tarda en dejar de doler. Suelo contestar con otra pregunta: ¿cuánto tiempo quieres que tarde? Tu agonía puede prolongarse durante años, incluso tu vida entera si así lo decides; pero también podría durar un solo día si así lo eligieras. Podrías levantarte a la mañana siguiente con la firme determinación de vivir otra vida, de ser otra persona. ¿Qué o quién te lo impediría? Podrías objetar que el corazón. Tu corazón. Porque lo que duele es el corazón, ¿verdad? Pero yo podría replicarte que el corazón es tan sensible al sufrimiento como perceptivo a la belleza y la alegría. Todo depende de cómo alimentes tu corazón, puedes castigarlo aún más con la autocompasión o hacerlo crecer y expandirse con algo mejor que eso.
El corazón, como órgano físico y sobre todo como recipiente invisible de las emociones humanas, puede ser maltratado con sentimientos tóxicos hasta somatizar todo su sufrimiento en un colapso cardíaco; o por el contrario puede ser mimado con sentimientos creadores de experiencias que den un nuevo sentido a la vida, sin duda más auténtico que el sinsentido de vivir apalancados en el recuerdo de lo que pudo ser y no fue. De antemano mis disculpas si parezco un poco brusco y cruel, pero a mí esa negación del presente por una excesiva fijación en un pasado que tendemos a idealizar, como idealizamos a nuestros muertos, me huele un poco a decadencia y putrefacción.
¿Cuánto tiempo tarda en superarse la ruptura con el ser amado? El tiempo que tú le concedas al dolor. ¿Qué es un minuto de placer? Un suspiro. ¿Qué es un minuto de tortura física? Una eternidad. ¿Cuál es la trascendencia de cada una de nuestras inspiraciones y espiraciones y cuál es la trascendencia del último hálito de vida? Yo pregunto a quien me pregunta cuánto tarda en superarse el dolor del corazón: ¿cuántos latidos de tu corazón estás dispuesto (o dispuesta) a dedicar a la persona que anduvo contigo una parte de tu camino para después tomar un desvío que le separó de ti? Y suelo añadir: piénsalo bien, porque aunque te creas que tu corazón latirá para siempre llegará el día en que dejará de hacerlo, lo aceptes o no esos latidos están contados. Y si esos latidos no son precisamente infinitos, más te vale que tu corazón empiece a latir por algo que te haga feliz.
Ahora imagínate que tu corazón es como una brújula. Tienes una brújula en tus manos y mueves tu cuerpo en distintas direcciones. La aguja de tu brújula oscilará indicando el Norte, el Sur, el Este o el Oeste. Tú marcas la dirección con una decisión consciente, la aguja simplemente te sigue. El corazón es algo parecido, mira hacia donde miras tú. La diferencia está en que el corazón es mucho más que un mecanismo de orientación inventado por los humanos. El corazón es, además de receptivo, agradecido. Cuando el corazón recibe amor se hincha, pero cuando verdaderamente se expande es cuando da amor. Y el amor no lo encuentra en la podredumbre de un pasado que la mente se niega a aceptar (por el momento), sino en las infinitas posibilidades de un futuro construido con ilusión y alegría en el presente. La alegría y la esperanza son las herramientas que ensanchan y fortalecen el corazón regalándole latidos extra que prolongan la cantidad y la calidad de la existencia humana. Pero para eso hay que mirar hacia adelante, no hacia atrás.
Cuando sufrimos una ruptura de amor, lo ideal y perfecto sería dedicar no más de veinticuatro horas al duelo. Deberíamos irnos a la cama y abandonar la pesadumbre entre las sábanas, porque el día siguiente debería marcar un nuevo comienzo. Cada nuevo día, cada amanecer que nuestros ojos tienen el privilegio de ver, es y debería ser un renacimiento. Pero nosotros los humanos somos tan maravillosos y tontos a la vez que nos sentimos casi obligados a rendir culto a un amor ya consumido y muerto con un duelo prolongado e innecesariamente doloroso. Casi podríamos aplicar la fría lógica de las matemáticas a los asuntos del corazón: si estuvimos con nuestra pareja dos años, ¿qué menos que amargarnos la existencia la mitad o al menos la cuarta parte de ese tiempo? Porque si fuéramos capaces de despachar el asunto en un par de días nos llamarían frívolos e insensibles. Es preferible prolongar el sufrimiento del corazón, aunque sólo sea por tener la conciencia tranquila. Entonces podremos demostrarnos a nosotros mismos y también a los demás que somos humanos porque sufrimos y llevamos el luto durante un tiempo más que razonable.
El luto esclaviza. Pero evidentemente requiere menos coraje que romper todos los esquemas para atreverse a ser libres, que no es otra cosa que el atrevimiento a buscar, perseguir y reclamar la felicidad. Lo que es un derecho de todo ser humano por haber nacido como tal acaba siendo una concesión administrada con cuentagotas que casi siempre parece depender del beneplácito de los demás, expresado a través de la historia, la educación y las convenciones sociales. Pero tal vez sea hora de que tú te atrevas a acortar tu sufrimiento orientando la brújula de tu corazón hacia tu propio Norte, que es el Norte de lo que más conviene a tu propia existencia.
José M. Guillén









